RELATO: El algoritmo de la pobreza
La riqueza es un ruido que no deja oír el pensamiento
RELATOS
El Rincón de Keren
5/12/20263 min read


El Algoritmo de la Pobreza
Ignacio vació toda su biblioteca, tiró todos los documentos que guardaba desde hacía más de un año o más, retiró el dinero que había depositado en su cuenta con tanto esmero y lo donó a una ONG, se deshizo de su ropa más ‘cool’ esa que le hacía parecer más elegante y aceptable, luego se quedó solo con lo necesario, una prenda y tres camisetas. No poseía ya redes sociales desde hacía más de un año, solo escribía a papel, y lo único que conservó fue su viejo ordenador al que llamaba “ojalata”. Prácticamente se deshizo de todo lo electrónico. Ya casi ni veía a sus amigos…
―¿Sabéis que ha sido de Ignacio?
―No lo sé, pero dicen algunos compañeros que se ha desecho de todos sus aparatos electrónicos y que se ha vuelto loco. Con la cantidad de años que llevaba ahorrando para una casa… el pobre, debe estar enloquecido porque… Hoy en día si no tienes internet, no existes - dijo Marta mientras ojeaba el último vídeo de moda en TikTok
―Pero ¡Hombre! Seguramente es algún tipo de estado pos traumático, depresión o es que sólo lo hace para llamar la atención. Porque vivir así, solo puede ser eso, que se encuentra mal. – Comentó Luis
―Un buen polvo es lo que le hace falta, y encontrar una buena chica que le haga perder el sentido… o mejor, ¡Una noche de Lobos! – Andrea volvió los ojos
―A ver, yo creo que es lógico, ¿no? En realidad todos estamos un poco enganchados, o mucho, al mundo de las redes sociales. Creo que lo que intenta decirnos es que, está harto de este sistema. Qué por cierto, nos controla como marionetas. Dicho queda, ¡ala! – arguyó Andrea
―Si eso fuera así, es un enemigo público, pensadlo bien: ni depende del estado, ni del dinero, ni de un sistema que le controle ni para consumir ni para producir, y lo que es mejor o tal vez peor, no está expuesto a los devenires de la sociedad falsa e hipócrita en la que nos hemos convertido donde agradar es mejor que ser humano, pero de verdad, no de complacencia ni para ganar algo a cambio. Pienso que en parte, si es así, se ha ganado mi respeto porque de ese modo, nadie le manipula, nadie lo engaña, no lleva máscaras auto aprendidas y se muestra sin filtros ante el mundo, aunque me han dicho por ahí que lleva unas pintas de vagabundo… -explicó Diego experto en sociología y filosofía
Las preguntas flotaban en el aire sin cesar, hasta que, unas semanas después se enteraron de que, Ignacio había escrito un ensayo que ganó popularidad; por ello querían premiarle: por su gran labor y este no lo aceptó. Sus amigos intentaron disuadirle de que escogiera al menos el dinero. Y lo que contestó.
―Diego me entenderá mejor: Ni el dinero ni la codicia ni la falsa imagen de un pensamiento que podría dar cabida a una especie de elitísmo solo por la forma en la que está escrita ni galardones que puedan hacerme cambiar la idea de que para ser aceptado necesito este tipo de validación, y mucho menos, permanecer en la quietud ante este circo de máscaras que buscan ser moldes impuestos.


